jueves, 8 de octubre de 2015

"Usted tiene Cáncer" - 1 Parte



Era sábado 23 de junio del 2013.
¡No lo podía creer! Las lágrimas no dejaban de salir por mas esfuerzos que hiciera. Dos años atrás ya había tenido mi primer susto si se puede decir así, cuando descubrí que tenia nódulos en la tiroides pero en ese tiempo no eran malignos.


Ese día era una biopsia rutinaria para mi, no me esperaba esas palabras. Ahora, ¿cómo iba a pagar todo esto? ¿El Señor me estaba diciendo que ya era tiempo? ¿Y mis hijasNo sabia que hacer. Sin embargo, Dios sí sabía, y el fue moviendo cada circunstancia para que yo pudiera ver de primera mano su misericordia y cuidado hacia mí y mi familia.


Empezamos nuestro recorrido de fe en Tegucigalpa, en el Instituto Hondureño de Seguridad Social. Casi todos los días tenía que ir por citas, y/o exámenes de laboratorio. El tratamiento sugerido fue una tiroidectomía y luego yodo radioactivo. Debido a que era reciente cotizando en el seguro no tenía acceso a la cirugía. Fueron momentos bastantes duros, ya que hicimos un petición a la junta directiva del seguro y fue denegada. Y así como me cerró Dios la puerta en el Seguro Social, así la abrió milagrosamente en el Hospital San Felipe (también de Tegucigalpa). ¡El Señor es experto en imposibles!


En esos días yo estaba muy cansada, tenía un fuerte dolor en la garganta y cuello producto de la inflamación en la tiroides y el crecimiento de los nódulos. Rebeccah, mi cuñada que estaba viviendo en República Dominicana, decidió volver a Honduras y vivir con nosotros el tiempo que fuera necesario para apoyarnos con el cuidado de las niñas mientras nosotros estábamos en el hospital. Fue otra muestra del cuidado de Dios por nosotros. Nuestras hijas estarían en su casa y así Vicky y Danna no se atrasarían en sus clases, ya que les doy Escuela en casa.


En las noches no podía dormir hablando con Dios. Preguntándole cuál era su voluntad. Con temor, no de morir. Yo estoy segura que mi hogar es en el cielo desde que acepté a Jesucristo como mi Salvador y recibí el regalo de vida eterna. Más bien, quería  ver crecer a mis hijas transformarse en mujeres de bien, probablemente un deseo egoísta, pero esa era mi oración. 


Entones decidí leer Salmos y agarrarme de sus promesas.


Salmos 18:1-2 TLA
¡Dios mío, yo te amo porque tú me das fuerzas!   Tú eres para mí la roca que me da refugio; ¡tú me cuidas y me libras! Me proteges como un escudo, y me salvas con tu poder. ¡Tú eres mi más alto escondite!




EL 23 de Julio estaban operandome en el San Felipe. Allí tuve la bendición de conocer a Rosario, una mujer valiente con quien fuimos operadas el mismo día. Tuve la oportunidad de hablar con ella, darle el evangelio y por la gracia de Dios  tomó la decisión de servir al Señor. Está fielmente reuniéndose en una iglesia cercana a su casa. Pudimos ser de bendición a su vida de muchas formas, especialmente cuando a la semana de la operación, su esposo murió. Aun, seguimos en comunicación con ella y le doy tantas gracias a Dios por su vida, aún con esas pruebas tan duras, ¡ella es fiel!


Al día siguiente de la operación el cirujano que me operó me dijo que había metástasis en el área del cuello y aunque habían limpiado bastante no pudieron quitar algo que tenía pegado a la tráquea. La noticia fue devastadora para mi corazón. Ese día gracias a Dios estaba casi toda mi familia visitándome. No hay como sentir el amor de tu familia. Recordándome lo bueno que es Dios, y que Él tiene el control Que Él da paz en medio de la tormenta.


En mi caso, los doctores me sugirieron buscar fuera del país el tratamiento del yodo radioactivo. Mi esposo estaba levantando fondos para movernos como misioneros a Santo Domingo, República Dominicana. Mis suegros ya estaban viviendo en ese bello país, y fue así como Dios nos guió a investigar las opciones para mi tratamiento en Santo Domingo.


El Señor nos llevó de la mano al lugar para hacerlo, y con la aprobación de nuestros líderes tomamos ese paso de fe hacia la tierra prometida. El 31 de agosto salíamos a República Dominicana, nuestro nuevo hogar.


En ese tiempo creo que Dios me enseñó a dejarle TODO en sus manos. Hasta ese momento yo había sido la encargada de mi hogar era la maestra de mis hijas estábamos sirviendo en la Iglesia en el ministerio de niños y de repente, como que todo había cambiado. Ya no podía hacer las cosas sin ayuda. Me sentía inútil. Ya no cantaba tanto porque no me gustaba escuchar mi nueva voz. Fue cuando el Salmo 23 cobró otro sentido para mi; estaba pasando por el valle de sombra de muerte, y estaba aprendiendo a no temer a tener la seguridad de que Dios estaba conmigo y que confortaría mi alma.



CONTINUA LEYENDO LA 2 PARTE...

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